Umnya
Longevity·8 min read·2026-05-18

Prepararse para un trekking por el desierto marroquí: un plan práctico

Una buena preparación convierte un trekking por el desierto en algo llevadero en lugar de duro. Esta guía aborda el entrenamiento, el equipo, la hidratación, los cuidados médicos y el trabajo de adaptarse a la arena.

Un trekking por el desierto marroquí no exige una capacidad atlética especializada, pero sí recompensa una preparación sensata en las semanas previas a la salida. El objetivo no es alcanzar la mejor forma física. Consiste en llegar sintiéndose cómodo caminando varias horas al día, en jornadas consecutivas y con calor. La preparación tiene tres partes: acumular volumen de marcha, adaptarse al calor y reunir el equipo adecuado. Tratada como un proyecto breve y no como una tarea de última hora, elimina la mayor parte de la dificultad del propio trekking y le permite concentrarse en el paisaje en lugar de gestionar molestias evitables.

El entrenamiento físico debe centrarse en el volumen de marcha. El desierto pide resistencia, no potencia. En las ocho a doce semanas previas al trekking, avance hasta caminar tres o cuatro veces por semana, con al menos una sesión más larga de dos a tres horas. Un total semanal de unas cuatro a seis horas de marcha es un objetivo razonable para una ruta desértica estándar. Siempre que sea posible, camine sobre terreno irregular y no solo sobre asfalto, e incluya algunas cuestas para fortalecer las piernas. Llevar una mochila ligera de día durante esos paseos ayuda al cuerpo a acostumbrarse a la carga pequeña pero constante que usará en el trekking.

La adaptación al calor importa porque muchos senderistas entrenan en climas más frescos y llegan sin estar habituados a caminar con calor. El cuerpo se ajusta al calor a lo largo de una o dos semanas de exposición, mejorando la forma en que suda y regula la temperatura. No puede reproducir del todo las condiciones del Sahara en casa, pero sí puede ayudarse. Camine durante las horas más cálidas del día, vístase con algo más de ropa de la que pide la temperatura y evite entrenar siempre en espacios frescos con aire acondicionado. Llegar uno o dos días antes del inicio del trekking permite además un breve periodo de aclimatación sobre el terreno antes de empezar a caminar.

El calzado es el elemento más importante del equipo. Elija zapatillas de trail o botas ligeras ya domadas, nunca nuevas para el viaje. Deben dejar espacio a los dedos, porque los pies se hinchan con el calor, y combinar bien con los calcetines que piense llevar. Muchos senderistas prefieren las zapatillas de trail a las botas pesadas para caminar por el desierto, ya que el terreno rara vez es técnico y un calzado más ligero resulta más fresco. Se recomiendan encarecidamente las polainas para evitar que entre la arena. Dedique tiempo a esta elección. La mayoría de las molestias de un trekking se remontan al calzado, y un buen calzado las evita sin hacer ruido.

El sombrero y el sistema de capas responden a la misma lógica de sol y oscilación térmica. Un sombrero de ala ancha o un pañuelo de cabeza protege la cabeza y el cuello durante el día, y un buff puede subirse sobre la cara cuando el viento levanta la arena. La ropa debe ser ligera, holgada y larga, ya que la piel cubierta se mantiene más fresca y más protegida que la piel descubierta. El día en el desierto abarca un amplio rango de temperaturas, así que lleve una capa intermedia de abrigo y un gorro para las noches y para el frío del amanecer. El principio es sencillo: cubrirse del sol, abrigarse por capas para el frío.

La hidratación es una disciplina, no una reacción. En el aire seco del desierto el cuerpo pierde líquido de forma constante, a menudo sin sudar de manera evidente. Prevea beber entre tres y cuatro litros de agua a lo largo de una jornada de marcha, en cantidades pequeñas y regulares en lugar de tragos grandes muy espaciados. Empiece el día ya hidratado y siga bebiendo en las paradas, sin esperar a tener sed. Acompañe el agua con electrolitos, porque el sudor arrastra sal además de líquido, y beber solo agua en grandes volúmenes resulta menos eficaz. El equipo de apoyo transporta la provisión del día, pero dosificar su propio consumo es cosa suya.

La preparación médica para el desierto se concentra en unos pocos problemas previsibles. El sol es el primero: una crema solar de factor alto aplicada con regularidad, un bálsamo labial y unas buenas gafas de sol son imprescindibles, y la luz reflejada en el suelo claro alcanza zonas que el uso habitual pasa por alto. La arena en los ojos es frecuente con viento, de modo que unas gafas envolventes ayudan y un frasco pequeño de suero fisiológico resulta útil. Las ampollas son la queja más común, así que lleve apósitos para ampollas y esparadrapo, y trate los puntos de roce en cuanto aparezcan, antes de que se conviertan en heridas. Un botiquín personal sencillo con sales de rehidratación, analgésicos y cualquier medicación habitual cubre el resto.

Adaptarse a caminar sobre arena es la parte que más se subestima. La arena blanda cede bajo el pie, de modo que cada paso devuelve algo menos de lo que devolvería en un sendero firme. Eso exige más a la parte baja de las piernas y a los tobillos, y el primer día sobre arena suele dejar esos músculos cansados de una manera poco familiar. No hay un sustituto completo en el entrenamiento, pero caminar por la playa, sobre grava suelta o sobre terreno blando ayuda a preparar la musculatura implicada. Ya en el trekking, acorte la zancada, baje el ritmo y deje que la cadencia se asiente. El cuerpo se adapta en uno o dos días.

Umnya organiza el trek por el desierto de Erg Chigaga de octubre a abril, dentro de su programa de retiros en el Sahara. Las plazas se limitan a entre 8 y 14 huéspedes. Reserve su plaza en la próxima salida →

Three editions. Three landscapes. 2027.

Sahara Spring · Atlas Summer · Atlantic Autumn. Eight to fourteen participants. Applied together.

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